Esteticista que me rompió el corazón.
Hay emails que lees… y otros que te dan un pequeño golpe en el pecho.
Este fue de los segundos.
Era de una chica que quería trabajar conmigo.
El problema es que en ese momento yo no tenía ni un hueco libre.
Agenda llena. Todo ocupado.
Era el año 2022 y decidí hacer el camino de Santiago durante 10 días. Así que lo tenía todo hablado con las alumnas. Esos 10 días era desconexión total.
Me escribió y le contesté.
Me volvió a escribir el día antes de irme a hacer el camino.
Abrí el email.
Y esa misma tarde le mandé el enlace para una sesión.
¿Por qué?
Pues por lo que me contó.
Era demoledor.
Su hija había hecho un dibujo en el cole.
El típico: papá, mamá y ella.
El padre salía grande.
La niña también.
Y ella…
Pequeñita.
Alejada.
Al fondo.
Cuando me lo escribió, me dijo algo así como:
“Yo sé que no le dedico todo el tiempo a mi hija, pero me siente más alejada de lo que yo pensaba.”
Ahí ya no estás hablando de marketing.
Ni de precios.
Ni de estrategias.
Ahí estás hablando de algo que duele de verdad.
Porque sí… tenía negocio.
Sí… trabajaba muchas horas.
Pero ganaba poco.
Y lo peor… no tenía tiempo.
Ni energía.
Ni presencia.
Y claro, el negocio “funcionaba”… pero su vida no.
Puto negocio si no te permite tener la vida que quieres con tu familia.
Así, que esa misma tarde, tuvimos la primera sesión.
Y lo primero que tenía que hacer, es algo que da bastante respeto.
Reducir horario.
Sí, lo sé… aquí es donde muchas dicen:
“Luis, ¿pero tú estás bien de la cabeza?”
Pues mira… a veces no. Pero en esto sí.
Porque no se trata de trabajar más…
se trata de trabajar mejor.
Antes de irme 10 días, solo le propuse eso. Que confiara y que lo hiciera como se lo dije.
Y pasó lo que tenía que pasar.
Menos horas.
Más claridad.
Mejores decisiones.
Y sí… más dinero.
Pero lo importante no fue eso.
Fue que empezó a estar.
De verdad.
Con su hija.
Con su vida.
Porque de poco sirve un negocio que factura…
si te aleja de lo que más te importa.
Que tengas un bonito día,
Luis
PD: A día de hoy seguimos trabajando, pero ese día tenía miedo de hacer ese cambio, como suele pasar.
Así, que como soy un poco bruto le dije lo siguiente.
"Si tú pones los ovarios, yo pongo los huevos para que la próxima vez que te dibuje tu hija, te dibuje BIEN GRANDE"
y funcionó.
PD: Pero si en algún punto has sentido que tu negocio te está alejando de tu vida…
me gustaría leerte.
Respóndeme y cuéntamelo. Sin vueltas.