Esteticistas que llamo "montañas"
Hace tiempo, hablando con una profesional como tú, me dijo algo que no se me olvida:
“Yo puedo con todo.”
Y era verdad.
Llevaba años levantando su centro cada día.
Clientes, equipo, casa, problemas…
Todo pasaba por ella.
Como una montaña.
Firme. Estable. Siempre en su sitio.
Aguantando el frío, el calor, los vientos y las tormentas. La nieve y los truenos.
Siempre sosteniendo.
Y desde fuera… admirable.
Pero hay algo que no se ve cuando miras una montaña de lejos:
La erosión.
El desgaste silencioso.
El viento, el agua… día tras día.
Sin hacer ruido.
Sin pedir permiso.
Hasta que un día… algo cede.
No de golpe.
Pero empieza a resquebrajarse.
Eso es lo que le estaba pasando.
No era falta de trabajo.
No era falta de compromiso.
Era exceso de carga… durante demasiado tiempo.
Y lo más peligroso es que lo había normalizado.
Pensaba que ese era el precio de tener estabilidad.
Pero no.
Eso no es estabilidad.
Es aguante disfrazado.
Cuando empezamos a trabajar juntos, no hicimos nada radical.
No hubo cambios locos.
Solo quitamos peso innecesario.
Ordenamos.
Y poco a poco… dejó de sobrevivir para empezar a dirigir.
Si te has visto en esta historia, seguramente no necesitas hacer más.
Necesitas hacer diferente.
Por eso estoy ofreciendo sesiones gratuitas de orientación.
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Para ver tu caso, entender dónde estás cargando de más… y qué puedes soltar sin que todo se caiga.
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Un abrazo,
Luis
PD: Ser fuerte está bien. Pero si siempre eres la que sostiene todo… al final, lo que se rompe eres tú.