Esteticistas y sus vacaciones
En enero, un mes en el que me cojo algún día de vacaciones para buscar sol cuando hace frío, me escribió una alumna que lleva un tiempo conmigo.
“Luis… no me lo creo.”
“¿Qué es lo que no te crees?”
“Que me haya ido de vacaciones… sin miedo.”
Porque irte unos días no es difícil.
Lo difícil es irte tranquila. Y en enero.
Sin estar mirando el móvil cada dos minutos.
Sin pensar que algo se va a torcer.
Sin esa sensación de traición.
Llevaba años sin hacerlo.
Años.
Y no porque no quisiera.
Sino porque no podía.
O mejor dicho… porque sentía que no podía.
Cuando llegó, como muchas, venía buscando lo típico:
Marketing.
Ventas.
Estrategias.
Y sí… eso lo trabajamos.
Pero no empezamos por ahí.
Empezamos por ella.
Por cómo se posicionaba.
Por cómo hablaba.
Por cómo decidía.
Por ese punto invisible donde una persona deja de dudar…
y empieza a sostener su negocio de verdad.
Porque puedes tener la mejor estrategia del mundo…
Pero si tú no estás en tu sitio,
no hay estrategia que aguante.
Poco a poco empezó a cambiar.
A decir las cosas más claras.
A poner límites sin sentirse mal.
A tomar decisiones sin pedir permiso.
Y pasa pues lo que tiene que pasar.
Su negocio empezó a responder.
Más ingresos.
Más orden.
Más respeto.
Pero lo importante no fue eso.
Lo importante fue esto:
Por primera vez en años…cerró la agenda unos días
y se fue.
Tranquila.
Presente.
Disfrutando.
Con su familia.
Porque cuando una persona crece de verdad…
el dinero, el tiempo y la tranquilidad
dejan de ser objetivos.
Y se convierten en consecuencia.
Que tengas un bonito día,
Luis
PD: Los sueños se cumplen si das un primer paso. Igual tú tienes que darlo.
Cuéntamelo.
Respóndeme y dime en qué punto estás.
Sin ese paso, lo normal, es que continúes en la situación que estas.