La esteticista bambú
A ver si te sientes identificada con este tipo de profesional.
Crece rápido.
Se motiva.
Arranca con fuerza.
Hace cambios.
Lanza cosas.
Se viene arriba.
Y de repente… se viene abajo.
Como un bambú que ha crecido demasiado deprisa… sin echar buenas raíces.
Al principio impresiona.
Pero luego, con el primer viento… se dobla.
O se rompe.
Y no es porque no valgas.
Ni porque no tengas capacidad.
Es justo al revés:
Tienes demasiada.
Demasiadas ideas.
Demasias ganas de avanzar.
Demasiado impulso… sin dirección.
Y eso cansa más que no hacer nada.
Porque estás todo el rato empezando.
Reajustando.
Rehaciendo.
Volviendo a intentar.
Hasta que un día piensas:
“¿Qué me pasa? Si yo puedo con esto…”
Pero no es cuestión de poder.
Es cuestión de cómo estás creciendo.
Porque crecer no es hacer más.
Ni ir más rápido.
Es sostener lo que construyes.
Y para eso… necesitas raíces.
Estructura.
Orden.
Decisiones claras.
He trabajado con muchas esteticistas así.
Mucho potencial… mal apoyado.
Y cuando dejan de crecer a lo loco… y empiezan a construir desde abajo…
Todo cambia.
Menos altibajos.
Más estabilidad.
Más dinero… sin agotarse en el intento.
Si te has visto en esto, no necesitas otro empujón.
Necesitas aprender a sostener.
Mira, estoy ofreciendo sesiones gratuitas de orientación. Una al día.
Igual en esa sesión te puedo ayudar. Siempre y cuando quieras cambiar.
Si la quieres date prisa.
Un abrazo,
Luis
PD: Crecer sin raíces es agotador. Porque no se trata de cuánto subes… sino de cuánto eres capaz de mantener sin caerte.
Un abrazo,
Luis
PD: Si eres bambú y te obligas a vivir como un cactus… no es que no crezcas. Es que te estás saboteando con estilo. Y eso ya es otro nivel