La esteticista bonsái

Hay conversaciones que empiezan normales…
y de repente se ponen interesantes.

Con ella pasó eso.

En una de las primeras sesiones, me dijo algo que no se me olvida, y yo le dije:

“Eres como un bonsái.”

Ella pensó: vale… esto no me lo esperaba.

Y siguió:

“Pues sí, siento eso....que podría ser un árbol grande… pero no crezco.
Como si algo me tuviera limitada.
Como si no pudiera expandirme.”

Ella ya no estaba hablando de negocio.

Estaba hablando de identidad.

De alguien que sabe que puede dar mucho más…
pero vive recortada.

Por su entorno.
Por sus decisiones.
Y sí… también por ella misma.

Porque muchas veces no hace falta que nadie te limite…
ya te encargas tú solita.

La miré y le dije:

“Perfecto. Pues vamos a hacer una cosa…”

“Vamos a romper la jodida maceta.”

(Sí, lo dije así. Elegante no es… efectivo sí.)

Porque no se trataba de añadir más cosas a su negocio.

Se trataba de quitar lo que la estaba empequeñeciendo.

Quitamos miedo disfrazado de prudencia.
Quitamos precios que no tenían sentido.
Quitamos decisiones tomadas para gustar… no para avanzar.

Y empezó a pasar algo.

Empezó a crecer.

Pero no a lo loco.
No desde la ansiedad.

Desde su naturaleza.

Desde lo que realmente iba con ella.

Hoy no es otra persona.

Y eso es lo mejor.

Sigue siendo ella…pero sin la maceta.

Más clara.
Más firme.
Más grande.

Y su negocio lo refleja.

Porque cuando dejas de recortarte…empiezas a ocupar tu espacio.

Y ahí… empiezan a pasar cosas.

El mérito no es mío, es todo de ella.

A veces, solo hay que recordarle a las personas quienes son.

Que tengas un bonito día,

Luis

PD:
Si alguna vez has sentido que podrías dar mucho más…pero algo te está frenando…

Igual no eres pequeña.

Igual estás en una maceta.

Si te apetece, respóndeme y cuéntamelo.