Lo que no cuenta una esteticista

Hay algo que casi nunca se dice cuando una mujer decide contratar una mentoría para su centro de estética.

No lo dice en público.
No lo pone en Instagram.
Ni siquiera siempre se lo confiesa a sí misma.

Pero lo siente.

Se siente cansada.
Se siente sola.
Se siente desbordada.

Hace lo que ama, sí.
Cuida, acompaña, embellece, escucha.
Pero al cerrar el centro… muchas veces se va a casa con una sensación rara en el pecho.

Como de fracaso silencioso.

Porque trabaja mucho…
pero no disfruta.
Porque factura…
pero no descansa.
Porque el negocio funciona…
pero ella se está apagando.

Entonces busca una mentoría pensando:
“Si facturo más, todo se arregla”.

Y no.

Lo que duele de verdad no es la facturación.
Lo que duele es sentir que el centro depende solo de ti.
Que si paras, se cae.
Que no puedes enfermar.
Que no puedes desconectar.
Que no puedes equivocarte.

Duele no tener claridad.
Duele improvisar decisiones.
Duele vivir siempre en modo urgencia.

La mayoría de las esteticistas no necesitan vender más.
Necesitan orden.
Necesitan estructura.
Necesitan dejar de sentirse supervivientes y empezar a sentirse empresarias.

Un negocio no se consolida con prisa.
Se consolida cuando deja de comerte por dentro.

Yo no acompaño a mujeres que solo quieren “más dinero”.
Acompaño a mujeres que quieren volver a respirar.
A disfrutar de su centro.
A sentirse seguras.
A construir algo que no las desgaste.

Porque cuando tú estás bien, el negocio también lo está.

¿Quieres hablar para trabajar juntos?

Este es el camino:

SESIÓN GRATUITA DE ORIENTACIÓN

Un abrazo,
Luis

PD: Si este email te ha removido un poco… no es casualidad. A veces no necesitamos más empujes, sino a alguien que nos ayude a ordenar sin juzgar.