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Hay un tipo de cansancio que no se ve.
No es el de la espalda.
Ni el de estar todo el día de pie.
Es el de la cabeza.
El de tener que decidir todo.
Todo el rato.
Qué promoción hago.
Qué precio pongo.
Qué tratamiento quito.
Qué publico.
Qué respondo.
Qué hago con esta clienta que se queja.
Qué hago con esta otra que no vuelve.
Y así… todos los días.
Bien, te vas a reír con esta frase...
Cuando ella empezó a trabajar conmigo, no estaba mal por fuera.
Tenía clientas.
Facturaba.
El negocio “funcionaba”.
Pero por dentro…
Estaba agotada.
Me dijo algo que me hizo gracia (y pena a la vez):
“Luis, si me mandas un WhatsApp diciéndome qué hacer mañana con las jornadas de puertas abiertas… te lo agradecería más que unas vacaciones, porque estoy muy nerviosa.”
Así que le mandé un audio.
Y ella me contesto.
PUTA TRANQUILIDAD
Mira, a ella, como a una inmensa mayoría.
No necesitaba más información.
Necesitaba claridad.
Necesitaba dejar de dudar por todo.
Necesitaba alguien en quien apoyarse sin tener que explicarlo todo desde cero.
Necesitaba dejar de sentirse sola con su negocio.
Así que siempre empiezo por ahí.
Nada de estrategias locas.
Orden.
Decisiones simples.
Un camino claro.
Y sí… alguien al otro lado para cuando duda.
¿Sabes lo que pasó?
Dejó de dar vueltas.
Dejó de posponer.
Dejó de sentirse perdida.
Y empezó a ejecutar.
Con calma.
Con seguridad.
Sin ese ruido constante en la cabeza.
Hoy sigue teniendo problemas, claro.
Pero ya no le superan.
Porque ahora sabe qué hacer… y qué ignorar.
También tiene un teléfono y al otro lado estoy yo.
No soy guapo, pero resuelvo y eso siempre, DA TRANQUILIDAD
Que tengas un buen día,
Luis
PD: Si alguna vez has sentido que tu negocio no te supera…
pero sí todo lo que tienes que decidir…
Me gustaría leerte.
Respóndeme y cuéntame qué es lo que más te está saturando ahora mismo.
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