Esteticistas y sus hijos
Ella abrió su centro de estética con ilusión.
Con ganas.
Con amor por su profesión.
Como todas.
Y también con miedo.
Porque tenía un hijo pequeño.
Y porque, aunque trabajaba sin parar, a final de mes siempre iba justa.
Salía de casa temprano.
Volvía tarde.
Y vivía con un nudo constante en el estómago.
El sábado también abría.
Ese nudo que aparece cuando haces todo lo posible…y aun así sientes que no llegas a nada.
Ni al dinero.
Ni a tu casa.
Ni a tus hijos.
Un martes por la mañana, mientras estaba en cabina, sonó el teléfono.
Era su madre.
Su hijo tenía fiebre.
Alta.
Y qué preguntaba por "mamá"
Ella miró la agenda.
Todo lleno.
Clientas esperando. Algunas de las puñeteras.
Tratamientos pagados.
Tuvo que colgar.
Y siguió trabajando…con lágrimas cayendo dentro de la mascarilla. Era pandemía.
Ese día llegó a casa tarde.
Su hijo casi estaba dormido.
Con fiebre.
Le miró con ojos vidriosos y dijo: "mamá"
Y ella se sentó en la cama con una sensación horrible: la de estar fallando en todo.
Ni madre presente.
Ni negocio rentable. Porque por más que trabajaba, no le daba.
Ese fue el detonante.
No quería vender más.
Quería un negocio que no le robara la vida.
Cuando empezamos a trabajar juntos no hicimos milagros.
Hicimos algo mejor:
– Ordenamos horarios
– Ajustamos precios. Los subimos como Dios manda.
– Quitamos lo que no era rentable
– Le devolvimos control y claridad
Hoy trabaja menos horas. No abre sábados.
Gana más.
Y, sobre todo, ya no vive con ese pellizco en el estómago.
Si su hijo se pone malo, ahora puede estar más horas con él.
Si necesita parar, para. No es el fin del mundo.
Lo lleva al fútbol los sábados. A ella no le gusta el fútbol, pero le gustan los sábados con su hijo.
Un negocio no es facturar, es más, si solo buscas facturar, el negocio acabará quemándote.
Puedes reservar una sesión conmigo y ver si tu centro también puede dejar de doler.
SESIÓN GRATUITA DE ORIENTACIÓN
Un abrazo,
Luis
PD: No es egoísta querer un centro que te permita ser buena profesional y buena madre. Egoísta es seguir sosteniendo algo que te está rompiendo por dentro.